Lunes de cementerio (crónica)
En las puerta de acceso al Cementerio Central de Bogotá, todos los lunes se derriten miles de paquetes de velas y veladoras. Es una tradición entre los capitalinos acercarse ese día a los campos santos a establecer comunicación con el mundo de los difuntos. Rezos, plegarias y novenas se ponen a la orden de cientos de miles de hombres y mujeres de todas las condiciones sociales, que comienzan a llegar desde las ocho de la mañana hasta cerca de la media noche. Durante el día, cuando se permite la circulación de parientes y allegados por las avenidas y calles entre bóvedas y tumbas, por una medida de ornato los celadores del lugar persiguen cualquier intento desprevenido o no de encender una vela a las ánimas al lado de lápidas, columnas o muros interiores. Ellos están autorizados para apagar, decomisar y prohibir la presencia de las indefensas velas por la tiznadura que producen sobre las blancas paredes de la necrópolis del centro de la capital. Entonces los católicos rogant...