Parque de los periodistas, sin periodistas (crónica)
En el centro de Bogotá son pocos los parques con zonas verdes. Generalmente están tapizados en cemento o adoquines, dejando pocos lugares para prados, arbustos o árboles. En la Avenida Jiménez entre las carreras Tercera y Cuarta hay uno pequeño, pero con un verdor espléndido que invita al descanso. Es el conocido Parque de los Periodistas. Cuentan académicos e historiadores de la ciudad que este espacio público tomó su nombre por la concurrencia de linotipistas y reporteros en sus predios, en los tiempos en que los grandes diarios liberales, El Tiempo y El Espectador, tenían sus sedes en edificios portentosos de la Avenida Jiménez. Hoy solo le queda el nombre como un homenaje a los periodistas de antaño. Por las mañanas es cruzado por burros y borricos arreados por sus dueños, llevando cargas de latas, galones y sacos que sueltan el rancio y nauseabundo hedor de la comida podrida. Sus pastores son los propietarios de porquerizas localizadas en los barrios pobres de los cerros...